Stress
Hace 33 °c en el norte de Lima, desayuné carbohidratos, proteínas, le sumé una fruta y lo bajé con una te de manzanilla caliente para ayudarme a digerir y calmar al mañoso de mi estómago. Más tarde debo pensar en qué puedo almorzar, esto de estar eligiendo los alimentos que no me caigan mal se está volviendo un suplicio diario. Me he pesado, felizmente no he bajado, si ocurriera eso tendría otra preocupación más en la lista, no dejaré que la desesperación me invada, con mi anterior diagnóstico no sucedió y no dejaré que pase ahora. Hay días que añoro de disfrutar de todo tipo de alimentos, más los que son fritos y las bebidas gaseosas, pero por ahora debo dejarlos atrás, éstos meses fueron fatales, idas y venidas al hospital, haciendo valer la bendita referencia, largas colas para las citas de exámenes, las peleas entre los pacientes, mi mente disociando, pensando ésto ya pasará, ¡al fin mi turno!, me quiero largar de aquí. Luego , miren que la vida es una bitch, sumó otro estrés que ingenuamente creía sepultado y olvidado, me alteró por días, rumiando, analizando las cosas, le puse fin; mi maldita dualidad no se decidía pero ayudó bastante ésa última plática para convencerlas , al fin pude regularme otra vez, mandar al tacho aquellos sentimientos que sentía, y seguir con mi vida, bueno lo que me queda.


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